Nací en don Benito , un pueblo perdido en la provincia de Badajoz y bien conocido por camioneros de la ruta Mérida- Madrid por el buen trato del club de alterne que hacia esquina con mi casa. Mi padre se dedicaba al campo y mi madre era la panadera del pueblo. Mi madre decía que padre era bueno y alegre pero yo no podía soportar ese olor a sudor tostado por el sol cuando se sentaba a la mesa a comer. Desde niña mi madre me llevaba con ella a despachar a las clientes que venían a por pan , quería que aprendiese el oficio para el día de mañana. Eso era al menos mejor que pasar la tarde al lado de padre viendo como acicalaba a sus gallos. Pero yo era diferente , sabía que valía más que todos ellos y que era buena, muy buena. A la edad de trece años un domingo por la mañana, antes del desayuno me despedí de mis padres , les dije que antes de hacerme puta o trabajar en el horno prefería probar suerte en la capital, que yo valía mucho y que era buena, muy buena. Nunca más volví a verlos. Al llegar a Madrid me coloqué en un despacho de pan , na más y na menos que en El barrio Salamanca. Sabía que tenía que aprender a hablar como ellos si algún día quería estar ahí. Al poco tiempo uno de los clientes habituales me animó a presentarme a una entrevista para comercial de una multinacional. Y es que yo sé que valgo mucho y como no podía ser de otra manera conseguí el puesto. El jefe de zona me tiraba los tejos y yo ya empezaba a destacar en lo mío . Decidí hacerme un poco la estrecha y bueno conseguí a a los pocos meses situarme como jefa de equipo y claro empecé a acostarme con él , por ello de quitarme moscones de encima. Al año nos casamos y yo ya destacaba en la empresa y era bien vista por los jefes . Y mira por donde me quedé embarazada, digamos que tocó la flauta. Tuvimos un niño del que yo no tenía tiempo de atender y fue mi marido el que se preocupaba por sus cosas , se planteaba que lo teníamos abandonado y que eso no podía seguir así. Yo le dije que yo valía mucho, mucho más que él y que si alguien tenía que atender al niño tendría que ser él, que al fin y al cabo era quien lo había querido. Que yo tenía cosas más importantes que hacer. Con su dimisión en la empresa me nombraron jefa de zona y yo sabía que era buena y que iba a llegar lejos. Claro esta que a los pocos años nos separamos , para mí eran los dos un estorbo, le dije una vez más que yo,valía mucho y que no se preocupase por nada , con el dinero que ganaba le mantendría a él y al niño. Y así lo hice. Tengo 50 años , soy consejera delegada de la empresa , soy atractiva , tengo dinero y sé que soy buena, muy buena. Para mí hay tres tipos de personas , los que son muy buenos , como yo, los buenos y los parásitos infelices de la vida que nunca llegarán a nada . A mis padres como os dije nunca volví a verlos, para qué, eso si les mando un dinero al mes, qué miseria! toda la vida trabajando para no tener nada de viejos . Mi hijo , criado por su padre, otro infeliz , casado y con 5 hijos trabaja de panadero. Por supuesto también le ayudo. Tenía que haberle mandado a Suiza como hacen los de mi clase pero entonces no podía pensar en esas cosas. A sus hijos les veo lo justo, me cansan, todavía no sé cómo pude tener uno mío, pero que le voy a hacer, los enanos me adoran, y es que yo soy buena, muy buena . Me quedan unos años para llegar a la presidencia, seré la primera mujer presidente de la empresa, y es que yo valgo mucho. Lo tengo todo, todo lo que quise y quiero. Que pasa que no me creéis , sabéis qué? que os den!, no os necesito, tengo a miles a mi alrededor que me lo dicen todos los días y es que soy buena. Muy buena.

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