Y creen que deben empujarles a ser competitivos, a que destaquen. Pero he encontrado en una novela de Rodrigo Muñoz Avía un mejor ejemplo de lo que creo que debería intentar ser un padre.
" Recuerdo un día, cuando tenía cuatro años...
Entonces la puerta comenzó a cerrarse. Solo me dio tiempo a ver como mi padre corría hacia su mesa, cogia un papelito y regresaba corriendo hacia mi demasiado tarde.
La puerta se termino de cerrar, y ( eso es lo que mi padre no había previsto) el dispositivo que devolvía automáticamente el ascensor al garaje se accionó y yo me fui para abajo, como si el mundo se hubiera vuelto loco y en vez de obedecer a mi padre, como hasta entonces, hubiera decidido obedecer a los caprichos de una voluntad perversa que quisiera hacerme daño. Empece a llamar histericamente a mi padre y mi padre me devolvía los gritos: -! Rodrigo ! ! Rodrigo ! ! No pasa nada, no toques ningún botón ! - fue lo primero que me dijo mi padre.
Baje un piso y oí al otro lado lado de la puerta.
- Rodrigo, estoy aquí, no pasa nada. Pero el ascensor seguía. Bajando. Enseguida llegue al siguiente piso, y de nuevo, ahora mas fatigada, la voz de mi padre seguía estando al otro lado.
- ! Enano ! Sigo aquí, no te preo...!
Seguí bajando, hasta que el ascensor se detuvo en el garaje. Empuje la puerta con mucho miedo, medio lloroso y vi a mi padre bajando como un bólido y diciéndome sin apenas poder respirar.
- Ya estoy aquí... Ves como... Ves como no pasa nada... Es que funciona así... ! Rodrigo ! ! Rodrigo !..
! Pero que haces !... ! Deja de darme patadas, que yo no tengo la culpa ! ! Rodrigo por favor !"
Ni padre Superman, ni hijo prodigio.
Por una Pazos.