MIS VIVENCIAS EN EL CAMINO DE SANTIAGO
Hace varias semanas que volví de mi primer Camino de Santiago, y quiero escribir algunos pensamientos y sensaciones que experimenté durante el mismo, para poder compartirlo con otras personas.
Desde hace un año pertenezco a un grupo de senderismo, y este verano decidimos realizar la fase final del llamado "Camino Francés", teniendo como punto de partida la población de Sarria y como punto final, lógicamente, la Plaza del Obradoiro y Catedral de Santiago.
Los motivos que impulsan a las personas que conozco a realizar el Camino son muy diversos: deportivos, de ocio, religiosos, turísticos, culturales, de conocimiento interior, de superación personal, de reencuentro consigo mismo,etc....
En mi caso concreto, he de confesar que era una mezcla de todos ellos, me movía la curiosidad de experimentar por mí misma las sensaciones que me habían contado o que había leído en textos relacionados con este tema. Quería saber si podría afrontar con éxito este reto hasta el final, y, a la vez, quería dejar abiertos tanto mi cuerpo como mi mente, a las sensaciones que fueran apareciendo, para después analizarlas y saborearlas lentamente. He vivido esta experiencia tanto desde el exterior como desde el interior.
Desde el punto de vista exterior, se disfruta enormemente si eres amante de la naturaleza. Todos los sentidos se activan.
Disfrutas el máximo de los bellos paisajes, te acompañan grandes extensiones de plantaciones de maíz, de cereales mezclados con amapolas, de bosques sombríos y de exuberante vegetación.
También percibes el olor de la brisa fresca, de los pinos al ser calentados por el sol, de las rosas al pasar por las cuidadas casas de las aldeas, hasta te llega a gustar el olor del heno fresco de los establos...
A nivel interior, sobre todo en los momentos de ruta solitaria (recomiendo buscarlos), la mente está activa, no para de pensar.
Te planteas que la vida es como ese Camino, donde hay dificultades (esas numerosas cuestas empinadas), sensaciones placenteras (fuentes de agua, brisa fresca...), indicaciones a seguir (las famosas flechas amarillas), y, sobre todo, enorme variedad de peregrinos, cada uno con su historia personal, con sus motivaciones, con sus éxitos y sus fracasos, con sus riquezas y sus miserias, como nos ocurre a todos.
Te encuentras con tu propia realidad, con tus miedos, tus defectos, tus limitaciones, tus valores, tu energía. Reflexionas sobre cómo mejorar aquello que no te gusta de ti, cómo aceptar tus limitaciones y cómo comprender a las personas con las que más te relacionas.
En el Camino he experimentado:
- El valor del ESFUERZO, al sufrir cansancio, dolor físico, frío, calor... y cómo se recompensa con el descanso, el refugio...
- La sensación de SOLIDARIDAD de las personas con las que te cruzas, desde el simple deseo de que tengas "Buen Camino" hasta la ayuda en cualquier situación comprometida.
- La conveniencia de la AUSTERIDAD. Caes en cuenta de la cantidad de cosas de las que puedes prescindir diariamente, sin que "pase nada".
- La satisfacción de COMPARTIR...tu agua, tus alimentos, tu bastón, tu conversación, tus consejos, tus sentimientos, tus alegrías, tus emociones...
La emoción mayor la experimentas al llegar el último a la Plaza del Obradoiro. Sin saber muy bien porqué, te embarga una especie de ahogo agradable, de escalofrío interior, de lágrimas contenidas, que hace que mires a tus compañeros de viaje y te fundas en un abrazo sentido y verdadero.
Creo que es una mezcla de cansancio, esfuerzo, satisfación, recompensa y "subidón" de autoestima.
Valoro esta experiencia como una de las más gratificantes que he tenido. Tanto es así, que espero poder repetirla en otra ocasión, con una nueva ruta y con un nuevo "Buen Camino".
Por Pilar Díaz Vega.
Desde hace un año pertenezco a un grupo de senderismo, y este verano decidimos realizar la fase final del llamado "Camino Francés", teniendo como punto de partida la población de Sarria y como punto final, lógicamente, la Plaza del Obradoiro y Catedral de Santiago.
Los motivos que impulsan a las personas que conozco a realizar el Camino son muy diversos: deportivos, de ocio, religiosos, turísticos, culturales, de conocimiento interior, de superación personal, de reencuentro consigo mismo,etc....
En mi caso concreto, he de confesar que era una mezcla de todos ellos, me movía la curiosidad de experimentar por mí misma las sensaciones que me habían contado o que había leído en textos relacionados con este tema. Quería saber si podría afrontar con éxito este reto hasta el final, y, a la vez, quería dejar abiertos tanto mi cuerpo como mi mente, a las sensaciones que fueran apareciendo, para después analizarlas y saborearlas lentamente. He vivido esta experiencia tanto desde el exterior como desde el interior.
Desde el punto de vista exterior, se disfruta enormemente si eres amante de la naturaleza. Todos los sentidos se activan.
Disfrutas el máximo de los bellos paisajes, te acompañan grandes extensiones de plantaciones de maíz, de cereales mezclados con amapolas, de bosques sombríos y de exuberante vegetación.
También percibes el olor de la brisa fresca, de los pinos al ser calentados por el sol, de las rosas al pasar por las cuidadas casas de las aldeas, hasta te llega a gustar el olor del heno fresco de los establos...
A nivel interior, sobre todo en los momentos de ruta solitaria (recomiendo buscarlos), la mente está activa, no para de pensar.
Te planteas que la vida es como ese Camino, donde hay dificultades (esas numerosas cuestas empinadas), sensaciones placenteras (fuentes de agua, brisa fresca...), indicaciones a seguir (las famosas flechas amarillas), y, sobre todo, enorme variedad de peregrinos, cada uno con su historia personal, con sus motivaciones, con sus éxitos y sus fracasos, con sus riquezas y sus miserias, como nos ocurre a todos.
Te encuentras con tu propia realidad, con tus miedos, tus defectos, tus limitaciones, tus valores, tu energía. Reflexionas sobre cómo mejorar aquello que no te gusta de ti, cómo aceptar tus limitaciones y cómo comprender a las personas con las que más te relacionas.
En el Camino he experimentado:
- El valor del ESFUERZO, al sufrir cansancio, dolor físico, frío, calor... y cómo se recompensa con el descanso, el refugio...
- La sensación de SOLIDARIDAD de las personas con las que te cruzas, desde el simple deseo de que tengas "Buen Camino" hasta la ayuda en cualquier situación comprometida.
- La conveniencia de la AUSTERIDAD. Caes en cuenta de la cantidad de cosas de las que puedes prescindir diariamente, sin que "pase nada".
- La satisfacción de COMPARTIR...tu agua, tus alimentos, tu bastón, tu conversación, tus consejos, tus sentimientos, tus alegrías, tus emociones...
La emoción mayor la experimentas al llegar el último a la Plaza del Obradoiro. Sin saber muy bien porqué, te embarga una especie de ahogo agradable, de escalofrío interior, de lágrimas contenidas, que hace que mires a tus compañeros de viaje y te fundas en un abrazo sentido y verdadero.
Creo que es una mezcla de cansancio, esfuerzo, satisfación, recompensa y "subidón" de autoestima.
Valoro esta experiencia como una de las más gratificantes que he tenido. Tanto es así, que espero poder repetirla en otra ocasión, con una nueva ruta y con un nuevo "Buen Camino".
Por Pilar Díaz Vega.

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